Los concilios ecuménicos son la expresión suprema del Magisterio extraordinario de la Iglesia. Cada uno respondió a una crisis doctrinal específica, definiendo verdades que los protestantes aceptan sin reconocer la autoridad que las definió.
Cada concilio ecuménico demuestra que la Iglesia tiene autoridad para definir doctrina. Sin esta autoridad, no existiría el Credo, la Trinidad, ni la cristología que todos los cristianos comparten.